domingo, 10 de abril de 2011

Tauromáquia ¿deporte o arte?

La tauromáquia, una actividad cultural típica en España es para unos un deporte y para muchos un arte. Idolatrada por unos y repudiada por otros, la tauromáquia en su rama del toreo exige una gran preparación física y mental digna de cualquier deporte extremo. El estrés al que se somete un torero cada corrida enfrentándose a un animal de 500 kg de peso mientras miles de ojos clavados sobre su nuca le exigen la máxima pureza en sus movimientos hace que el torero y su cuadrilla necesiten un plan específico de entrenamiento y disciplina.

Como si de la mismísima coreografía de la mejor compañía de danza se tratara, el torero entrena pases, movimientos y capotazos con los que posteriormente moverá al toro por la arena de la plaza. Durante toda su actuación la frecuencia cardiaca del matador esta entre un 70 y un 100% de pulsaciones lo que le exige gran capacidad pulmonar, un estado de forma que roce la perfección y un valor extraordinario.

Toda la tensión que recoge la mente de un torero hace que llegue hasta la extenuación física y agotamiento mental. Es una lucha cuerpo a cuerpo con el toro en la que un error puede costarle la vida. Para evitarlo es importante tener buenos reflejos que unido a una gran resistencia y velocidad de reacción hacen mejor o peor a un matador.

La exposición a lesiones es mayor en este "deporte" que en otros muchos. No sólo por las graves cogidas que provoca un asta de toro sino por las lesiones musculares provocadas por arranques explosivos de velocidad. Por otro lado la preparación mental es fundamental. Saber que en cada capotazo se juega su integridad física, con una frecuencia de 5 segundos sería inaguantable sin una concienciación mental. Por todos es sabido el gran valor que tienen los toreros para enfrentarse a semejante animal.

Como en cualquier deporte de masas, en el toreo también existen figuras reconocidas que destacan sobre otras. El arrimarse al toro lo máximo posible, la precisión de los pases y de los movimientos y la eficacia con la que culmina al toro hace que los cachés de unos superen los de otros. José Tomás es el torero por excelencia que reúne lo nombrado anteriormente. Se caracteriza por poseer un estilo personal, un toreo hondo, ser muy regular, practicar un toreo muy próximo al toro e imprimir intensidad en sus lances. Preciso en sus movimientos como el pintor que plasma una imagen en su lienzo, tanto aveces que ya ha sufrido graves cogidas. Todo esto hace que todos los focos se centren sobre él cuando sale a la plaza, cuelgue el cartel de "no hay billetes" en las taquillas meses antes de su actuación y gane en proporción tanto dinero como el mismo Lionel Messi en fútbol o Lebron James en la NBA.

Aspectos similares a los que reúnen deportes como el fútbol, el baloncesto y demás deportes de masas hacen considerar al toreo uno más de ellos. Graderíos llenos de gente sedienta de espectáculo, emoción en cada lance, lucha mano a mano animal-hombre, o la preparación física y mental que exige ser una figura del toreo son algunos de esos aspectos.

Julio López Uzal

viernes, 8 de abril de 2011

La hora de la verdad

Se acerca el final de temporada. Con ello llegan las prisas, las tensiones, los nervios... y los clásicos. La temporada 2010/2011 se recordará como aquella en la se jugaron más partidos entre los dos equipos más importantes del fútbol español. El Real Madrid y el F.C. Barcelona tendrán que verse las caras hasta en cuatro ocasiones en lo que resta de curso futbolístico.
El equipo de la ciudad condal, que actualmente marcha primero en la liga BBVA -primera división- a ocho puntos de su más cercano perseguidor, el Real Madrid, aclaró ayer las dudas previas al encuentro tras, sin mostrar el juego al que suele tener acostumbrado a sus seguidores, deshacerse con facilidad del Shaktar Donesk; por un contundente y definitivo (aunque se diga que hasta no se gana hasta que el árbitro no pita el final) 5-1. Los catalanes viajarán a Ucrania con los deberes hechos.

Por su parte, el equipo de la capital de España también allanó su camino hacia las semifinales de la Champions League tras imponerse por un llamativo 4-0, en un encuentro en el que los blancos superaron con creces al Tottenham inglés. Hacía tiempo, que no se vivía una noche europea tan mágica como la que se vivió el pasado martes, 5 de abril. Los aficionados, esta vez sí, mostraron su mejor faceta apoyando su equipo desde el minuto uno hasta el noventa.

Con estos resultados es fácil presagiar -salvo debacle futbolística en alguno de los dos escenarios de la vuelta de los cuartos- lo que se presenta durante el próximo mes de abril. Con la final de Copa del Rey -20 de abril en Valencia- entre Madrid y Barcelona, el clásico de liga que se jugará 4 días antes en el Santiago Bernabéu, y la eliminatoria de semifinales de la Copa de Campeones -27 de abril y 3 de mayo-, dos de los equipos más grandes de la historia del fúbol se enfrentarán entre sí hasta en 4 ocasiones.
La historia del fútbol nos ha enseñado que nada se puede prever en este deporte. Algo que sí es fácil de apreciar es la actual ventaja que el equipo azulgrana tiene actualmente en la liga. Con ocho puntos de ventaja, el Real Madrid no parece tener muchas oportunidades para poder alcanzarle y, mucho menos, superarle. Lo malo de dicha ventaja es que el partido de vuelta en el estadio madrileño no tendrá los alicientes de un gran partido.

Sin embargo el destino estaba prevenido para esta circunstancia y ha querido que el denominado el año pasado como el 'partido del siglo' se repita este mes de abril y el próximo mes de mayo las suficientes ocasiones como para que todo el mundo quede satisfecho, esperemos que así sea... que gane el mejor.

Juan Barrero Gutiérrez

jueves, 7 de abril de 2011

El regreso de la sonrisa olvidada

Llegaba el Real Madrid con el deseo de olvidar la machada de un Sporting de Gijón que el pasado sábado, bajo un día primaveral que invitaba a la goleada, dejaba la Liga vista para sentencia. Y así fue. El teatro en el que habitualmente se convierte el Santiago Bernabéu se vistió de gala. Tras siete años, y con sólo un integrante en la plantilla como testigo (Íker Casillas) del último precedente, los merengues iban a disputar por primera vez un partido de cuartos de final de la Liga de Campeones. Nadie quería perderse la cita. Y salvó Karim Benzema, José Mourinho pudo contar con su once tipo. Incluso Higuaín, tras su operación de hernia discal, y Kaká, después de creer que podría sumar y no restar a la escuadra blanca, volvían a vestirse de corto para ocupar un asiento privilegiado en el banquillo local.

Ni en el mejor de los guiones soñado por cualquiera de los más de 80.000 fervientes seguidores del Real Madrid se encontraba el 4-0 con el que el conjunto blanco certificó virtualmente su pase a las semifinales. Enfrente, un Tottenham a quien las ganas y la ilusión de un debutante -era la primera vez que los londinenses accedían a unos cuartos de final de la máxima competición europea- pronto se tornaron en presión, ansiedad y miedo escénico. Con una inusitada prudencia ante los medios, Mourinho veía con buenos ojos un empate sin goles hoy. Por desgracia, la eliminatoria ha quedado resuelta en 90 minutos.

De bajar la euforia de los miles de hinchas ingleses desplazados hasta la capital, aderezada con fuertes dosis de cerveza y polvos blancos, se encargó Emmanuel Adebayor. El delantero recuperó la fuerza que había perdido tras esquilar sus rastas y con un certero cabezazo abrió el marcador a los cuatro minutos. Apenas diez minutos después, el espárrago Peter Crouch quiso demostrar que lo que tiene de alto lo tiene de imprudente y frívolo. Dos entradas a destiempo dejaban con diez hombres a los de Harry Redknapp. Luces, camaras...monólogo blanco en Concha Espina.

Tras la innecesaria demostración de hombría del larguirucho delantero inglés, Redknapp tuvo que recomponer su esquema. Más aún cuando en el calentamiento las molestias le obligaron a prescindir de uno de sus 'galgos' como Aaron Lennon. Con un solitario Rafael Van der Vaart en punta y el 'mago' Modric cayendo a la izquierda, los 'Spurs' perdían su esencia y quedeban desactivados en ataque. Tan solo un par de acciones aisladas de Gareth Bale, endulzadas con las dudas de Sergio Ramos a la hora de tratar de parar a un atleta capaz de correr cien metros en 11.40 segundos, hicieron encoger las gargantas de la crecida parroquía madridista.

Olía a goleada. Sólo faltaba tiempo para conseguir abrir alguna grieta hasta el, por el momento, infranqueable muro inglés. Resistieron hasta el descanso. Tras el cuarto de hora en los vestuarios los blancos salieron en tromba y, como suele ser cortesía de Mou, con los mismos once protagonistas de la primera mitad. Marcelo seguía dando muestras de su gran campaña. La misma que, si estuvieramos en la NBA, le otorgaría el galardón al Jugador con Mayor Progresión. La banda izquierda parece que tiene el puesto asegurado por muchos años. Pero precisamente era eso lo que echaban en falta los monologuistas: juego por las bandas.

De uno de los infinitos saques de esquina llegó el llamado gol de la tranquilidad. La brújula Xabi Alonso sacó en corto para Marcelo quien, tras avanzar unos metros, la puso al corazón del área para que un gigante africano se elevara por encima de la defensa e impactara con la testa poniendo el esférico fuera del alcance del meta inglés. No se esperaba menos en Chamartín. Segundo gol para el togolés que, con los de hoy, eleva su estadística hasta las diez dianas en sus duelos directos ante los londinenses.

Tras el gol, más de lo mismo. Salió Lass en sustitución de Khedira en uno de los movimientos de estrategia más comunes a la vez que previsibles. La vida seguía igual. Por parte visitante, con un Bale dando muestras de cierto cansancio -también reaparecía tras varias semanas de baja- sólo Defoe lo intentó en solitario sin demasiada fortuna. Siguió el asedio blanco ante un rival que había presentado su rendición hacía algún tiempo. Todavía tuvo tiempo Adebayor otro cabezazo que logró sacar el desquiciado Gomes antes de que Mourinho regalara la ovación de un Bernabéu que se prolongaría hasta la entrada del 'Pipita'.

Cinco minutos después, en el 71, haciendo honor a su nombre, Ángel Di María, el hombre que auna fealdad en su rostro y calidad en su zurda a partes iguales, recibió el balón tras un golpe de fortunios varios regateó hacia fuera desde la derecha para perfilarse con su pierna buena y conectar un zapatazo que arrancó de cuajo las telaraña de la escuadra derecha de la portería rival. Un lienzo pintado con pincel muy fino.

La excusa perfecta para que un radiante Mourinho decidiera dar entrada a Kaká a quien el respetable recibió con cierta frialdad, la misma que transmite el '8' madridista con un barba de tres días impropia para un hombre de sus ideales. Con algo más de diez minutos por jugarse y la lonja vacía tras una excelente jornada de pesca, sólo había algo que podía rematar la faena: calmar las ansias de Cristiano. Y así fue. A falta de cuatro minutos para el final del tiempo reglamentario, en la enésima internada por la izquierda en la segunda parte, Kaká la puso larga al segundo palo y, como un regalo caído del cielo, el esférico fue a parar al hombre que quiere todos los balones para que empalmara con su pierna derecha y batiera por bajo a un Gomes que debería haber despejado antes de que el balón confirmara la goleada y besara las mallas de la portería.

Una noche de las que crean afición. Hacía tiempo que el Santiago Bernabéu no vivía una comunión tan evidente entre el equipo y la afición. La victoria, a falta del encuentro de vuelta que tendra lugar en el mítico White Hart Lane el próximo miércoles día 13, deja a tiro unas casi olvidadas semifinales de 'Champions'. Y por qué no decirlo, hace olvidar la impotencia que invade los corazones madridistas cuando recuerdadn la existencia de un Goliat llamado Barcelona, el único que es capaz de hacer borrar del rostro su rejuvenecida sonrisa.

Alegría por partida doble

En el otro encuentro de cuartos previsto para este martes el Schalke 04 silenció al Giuseppe Meazza con una sorprendente goleada (2-5) frente a un Inter de Milán, vigente campeón de la competición, que fue aniquilado sin miramientos. Tras unos primeros 45 minutos de un juego más vivo y rápido al que están acostumbrados, la afición 'neroazurra' se preguntaba si el 2-2 que señalaba el electrónico les serviría. La respuesta tendría un claro signo negativo.

Y es que 11 minutos después de salir del tunel de vestuarios, el 2-4 no hacía más que confirmar las lagunas defensivas del conjunto dirigido por el brasileño Leonardo. Raúl, frente a los impotentes Chivu y Ranocchia, hizo el milagro del gol. Ranocchia, en la siguiente jugada cortó un centro y lo convirtió en autogol: 2-4. Seis minutos después, Chivu veía la segunda tarjeta amarilla: expulsado. Los locales, más que con el corazón que con la cabeza, trataron de retomar unas riendas que nunca tuvieron.

Como suele pasar en estos casos, con el encuentro partido en dos, un zurdazo sensacional desde la frontal del área del delantero brasileño Edu sirvió para colocar la puntilla en el minuto 76 de partido. De ahí en adelante, el conjunto de Felix Magath, que recientemente ha anunciado su marcha del equipo la próxima campaña, sólo pudo asomar de sus rostros una tremenda sonrisa. Mucho tendrán que cambiar las cosas para que el Inter, que ya fue capaz de dar la vuelta a la eliminatoria en octavos frente al Bayern de Munich, esté en semifinales.

Jaime Castillo Gallardo

martes, 5 de abril de 2011

Una estrella diferente

Englewood es uno de los barrios más peligrosos de los Estados Unidos. Ubicado en el 'Southside' de Chicago, nada ni nadie es capaz de hacer olvidar la dureza del día a día a sus gentes. Una cruda realidad donde drogas, bandas callejeras, violencia o crímenes son sólo algunos de los vocablos más recurrentes a la hora de explicar la esencia de esta burbuja de marginalidad y exclusión a escasos minutos del centro de uno de los diez núcleos financieros más importantes del mundo. Lejos de ese enclave se erige el United Center, la cancha de los Bulls. La casa que, junto al antiguo Chicago Stadium, fue testigo del ascenso del que posiblemente sea el mejor jugador que jamás se haya visto sobre un parqué. Pero los tiempos han cambiado y de Michael Jordan sólo queda la estatua en los aledaños y la camiseta con el '23' colgada sobre el techo del pabellón. ¿O quizás no?

Después de la consecución del sexto anillo para la franquicia en 1998, el equipo no fue el mismo. Años de bandazos en los que, a pesar de contar con una interminable ristra de jóvenes promesas casi cada año, no lograron consolidar un proyecto que les permitiera ser un equipo temido en la por aquel entonces liviana Conferencia Este. Sin embargo, la sonrisa ha regresado a la ciudad del viento. La culpa es de un vecino de Englewood: Derrick Rose. Con 22 años en su tercera temporada en la liga, tras ser el primer 'point guard' seleccionado en el puesto uno del draft (2008) después de que un tal Allen Iverson lo consiguiera allá por 1996, el base titular de los Bulls no deja de sorprender. Un hombre hecho a sí mismo gracias a una infancia y juventud difíciles que le han enseñado a valorar más las pequeñas cosas, no dejarse obnubilar por su cartel de estrella y, sobre todo, no olvidar sus orígenes.

A diferencia de otras grandes estrellas como Kobe Bryant, Shaquille O'Neal o el propio Michael Jordan, Rose no lo tuvo fácil. Nació y creció en las 'projects' (similares a las viviendas de protección oficial existentes en nuestro país) de Englewood bajo el cobijo de su madre y su abuela materna. 'Poohdini', apodo cariñoso basado en el famoso oso de dibujos animados 'Winnie The Pooh' con el que reconcían al niño de sus ojos, no tuvo la ocasión de conocer a su padre. Por suerte, sus tres hermanos mayores Allen, Dwyane y Reggie suplieron esa carencia y lograron guiarle por el camino correcto. A imagen y semejanza de Compton en Los Ángeles, 'La Farmacia' en Baltimore o el Bronx o Harlem en Nueva York, la vida en los suburbios de las grandes urbes estadounidenses no es sencilla.

En 1991, cuando Rose tenía tres años, se contabilizaron un total de 81 asesinatos en Englewood. Datos más recientes atestiguan una disminución del índice de criminalidad aunque no por ello situación deja de preocupar. Si en 2009 la cifra fue de 49 muertes violentas y el pasado año se quedó en 42, sólo en las tres primeras semanas de 2011 ha habido que lamentar tres homicidios. "Yo solía tener ese sexto sentido. Me daba cuenta de cuando había problemas. Puedes sentirlo en los huesos. 'Oh, llegó el momento de irse'... Y corría a casa tan rápido como podía", reconocía el jugador en una entrevista el pasado enero.

La mayoría de las víctimas eran menores de treinta años y el móvil de los crímenes solía estar ligado a la eterna lucha entre bandas (gangs). Pequeños reductos donde el fracaso escolar entre los más jovenes y las elevadas tasas de desempleo obligan a copar, dada la escasa cualificación y las exigencias económicas de la educación superior estadounidense, los puestos más bajos del escalafón social. Los vecinos, en su mayoría de origen afroamericano, se ven inmersos en una dinámica de frustración, fracaso y resignación difícilmente eliminable. Ello unido a la segregación y marginación racial existente en gran parte de la geografía norteamericana conforman este desalentador escenario. ¿Cómo salir de la espiral del gueto? En el caso de Rose, a quien su apellido no hace honores a las vicisitudes de su infancia y adolescencia, el baloncesto fue la vía de escape. A escasos metros de la humilde morada de la familia Rose se encuentra Murray Park. Un playground donde el número uno (tanto por dorsal como por jerarquía en el equipo) pasaba las horas botando y lanzando contra el aro una y otra vez. Como tantos muchos otros su sueño era llegar a la cima.

Haciendo suyo el "In this great future you can't forget your past" (En este mejor futuro no podrás olvidar tu pasado), que rezaba uno de los éxitos de Bob Marley, Rose siempre ha tenido muy claro que esta nueva vida, llena de éxito, no podrá borrar sus recuerdos. En un tono humanizante declaraba al diario francés 'L'Équipe': "Cuando juego un mal partido o simplemente tengo un mal día, recuerdo aquellos momentos. Creo que hay cosas más importantes que un partido de baloncesto", reconoce con sinceridad.

Como buen chico de barrio es consciente de sus orígenes y no los olvida. De hecho hay recuerdos que permanecerán con él hasta el final de sus días. Nos referimos a sus, por el momento, nueve tatuajes. Grabados de tinta que van desde el 'Englewood' de su antebrazo derecho, pasando por el 'Family First' (la familia primero) de su pecho hasta las alas de ángel que, junto a unas manos, protegen a un recién nacido.

De la misma forma que las grafías e imágenes sobre su piel, los dorsales a lo largo de su carrera también han guardado en cirto modo relación con su hogar. El '25' que lució con el instituto de Simeon Career Academy, al que lideró a la consecución de dos campeonatos estatales consecutivos, tiene su razón de ser en la figura de su vecino Benji Wilson. El que fuera elegido mejor jugador de 'high school' en 1984 fue asesinado en plena calle a los 17 años justo antes de dar el salto a profesional. Ya en la NCAA el '23' ocupó su espalda. Pero este hecho nada tuvo que ver con 'su majestad' sino con otra promesa de instituto: Ronnie Fields. Un accidente de coche trunco la prometedora carrera del que fuera compañero de Kevin Garnett en la Farragut Academy. A pesar sus espectaculares inicios, no fue elegido en el draft de 1987 y ha estado vagando por ligas menores domésticas y de medio planeta.

Algo poco habitual

Su pasado ha sido uno de los factores que han forjado una personalidad humilde, tranquila y alejada del ego que caracteriza a los grandes jugadores. Hace anuncios, como todos. Acude a eventos, como todos. Pero en ninguno de ellos desentona. Los periodistas que le conocen así lo corroboran: "Siempre abierto y cercano, responde sin pensar en las consecuencias que sus palabras puedan tener. Mientras, otras superestrellas cambian en cierto modo sus opiniones con el objeto de cubrirse de las críticas".

Permanece impasible aún cuando los más de 20.000 flamantes seguidores de los Bulls corean al unísono aquello de 'MVP, MVP, MVP', cuando el orgullo de la ciudad completa algunas de las acciones más espectaculares de la campaña. De momento, sus promedios además de los buenos resultados del equipo, le colocan como el máximo favorito a recibir el reconocimiento a final de temporada.

El orgullo de una ciudad

Tras un encuentro en el United Center, tres jóvenes aficionados inician el camino de vuelta a casa cuando un coche blanco frena ante ellos y baja la ventanilla. "Ey, sólo quiero daros las gracias por venir. Realmente se lo agradezco" dijo Derrick Rose. Los jóvenes quedaron estupefactos. "¡Y gracias por usar mi camiseta también!", comentó a uno de los chicos que lucía con orgullo el '1' de los Bulls. Los muchachos no daban crédito hasta que uno de ellos, Martin Campoverde balbuceó: "¿Qué se siente al jugar en tu ciudad natal?" Rose hizo una pausa para decir en medio de una gran sonrisa: "Lo más grande que me ha pasado. Es la mejor ciudad del mundo".

"Dios tiene algo que ver en todo esto. Es el destino. Soy de aquí y no me voy a ir nunca", comentó el verano de 2008 cuando los Bulls le eligieron en la primera posición. Tras ser nombrado mejor novato del año al año siguiente, su leyenda comenzó a fraguarse. En su año 'sophomore' logró que los técnicos del Este le incluyeran en la lista de 12 jugadores que disputarían el All-Star en el Cowboys Stadium de Dallas. Sin embargo, esta campaña, tras ser una de las piezas angulares de la joven selección estadounidense que recuperara el cetro mundial en Turquía y convertirse en el primer jugador de los Bulls titular en un All-Star desde que Jordan lo lograra en 1998, ha sido la de su presentación oficial como verdadero hombre determinante de la liga. "Es toda una lección, una inspiración para nosotros" ha llegado a declarar un Joakim Noah que se siente muy cómodo al lado de su director de orquesta.

Rose es el octavo mejor anotador (24.6 puntos) y el décimo mejor en asistencias con (8.1), lo que le convierte en el único jugador actualmente en la NBA que está entre los diez mejores tanto en sendos apartados estadísticos. Circunstancia con un sólo precedente en la historia de los Bulls, cuando en la temporada 1988-89 Michael Jordan lideraba la liga en puntos (32.5) y era décimo en asistencias (8). A pesar de no contar con un 'Big Three' tan glamuroso como el de los Heat, el de los Knicks, Celtics o Lakers, hace tiempo que son una contrastada realidad. Los datos hablan por sí solos: el balance de 44-18 que les consolida en la seunda posición de la Conferencia Este no es fruto de la casualidad. De hecho, los Bulls tienen una marca de 10-1 ante los grandes candidatos al anillo con victorias sobre Lakers, Celtics (únicos capaces de superarles el pasado 3 de diciembre por 102-94), Heat (tres veces), Magic (dos veces), Mavericks Spurs y Thunder.

Este miércoles los chicos de Tom Thibodeau, uno de los candidatos a recibir el galardón al mejor entrenador del año, visitarán el Time Warner Cable Arena para enfrentarse a los Bobcats. Como viene siendo habitual, el máximo accionista del equipo de Charlotte, Michael Jordan, ocupará su asiento al lado del banquillo y contemplará como Derrick Rose continua presentando sus credenciales a ser MVP.

Jaime Castillo Gallardo

miércoles, 30 de marzo de 2011

Un mito incansable

Rafael Nadal sigue agrandando su leyenda. El manacorí consiguió ayer una importante victoria (aunque no por su dificultad) ante el ucraniano Alexander Dolgopolov, que le permite pasar a la antepenúltima ronda del Masters 1000 de Miami. El tenista español se impuso por un contundente 6-1 y 6-2 en menos de una hora -59 minutos-. Dolgopolov venía de ganar en la misma jornada, debido al retraso de su partido por la lluvia, al tenista francés Tsonga, al que doblegó por 6-7 (2), 6-4 y 7-5 en un encuentro que comenzó el lunes y que se tuvo que prolongar hasta el martes por la irrupción de la lluvia.
El tenista de Manacor tendrá que enfrentarse hoy en cuartos de final al checo Thomas Berdych, del que asegura que "contra Berdych siempre es un partido difícil". El ganador de este encuentro se tendrá que ver las caras con el vencedor del partido entre el francés Gilles Simon y el ex-número uno -y uno de los mejores jugadores de todos los tiempos- el suizo Roger Federer, relegado a la tercera posición del ránking de la ATP -sustituyéndole en su lugar el croata Novak Djocovik- tras el último Masters 1000 disputado en la costa californiana, el torneo de Indian Wells.

Sin embargo no es sólo por la victoria en el último partido lo que hace que el mejor tenista español de todos los tiempos sea especial. La garra, fuerza y entrega que demuestra en cada punto es lo que consigue que la gente se levante de su asiento y coree su nombre haya donde vaya. Y es que, aunque pueda parecer fácil, la mentalidad de un tenista que lo haga ganado todo tiende a transformarse, sobre todo si lo ha ganado desde tan joven.

Es admirable la actitud y las ganas con las que Rafael Nadal se enfrenta a cada punto, a cada partido, a cada eliminatoria, por muy débil que a priori pueda parecer el rival (ningún contrincante es fácil de ganar).

Nadal lleva más de 6 años en la élite del tenis mundial, ha conseguido ganar 43 títulos individuales -entre ellos los cuatro Grand Slam- y 7 títulos de dobles; pero eso no es todo, y es que el tenista mallorquín lleva desde el año 2006 entre los dos primeros del mundo -actualmente es el número uno-.

Es admirable la capacidad y madurez mental de un jugador que tan sólo tiene 24 años -nació el 03/06/1986-. Nadal, además de uno de los deportistas mejor pagados del mundo, se ha convertido por méritos propios en un ejemplo para el resto de deportistas y para los niños y jóvenes que se mantienen pegados al televisor cada vez que 'Rafa' juega un partido.

Juan Barrero Gutiérrez